Inclusión Voluntaria y Reverente

 30,octubre, 2004.  El libre fluir de las ideas, la transmisión y el disfrute de las obras más excelsas de la cultura no ha podido impedirse, aunque sabido es que esfuerzos en contra no han faltado. Numerosas voces se han levantado, antes y ahora, dentro y fuera de los EE.UU., para impedir que triunfen el odio y la intolerancia de los poderosos. Hace unos pocos días, por ejemplo, un grupo de editores y autores eruditos demandaron al departamento del Tesoro de EE.UU. buscando eliminar las restricciones contra la publicación de trabajos procedentes de Cuba. Los autores y editores expresaron su descontento con frases tan fuertes como “no debe haber embargo contra las ideas”, al tiempo que reclamaron “el libre flujo de la información y el intercambio de ideas”, amén de establecer que “los editores tienen la libertad de reproducir, traducir, editar textos y estilo, y realizar revisiones con respecto a los materiales informativos procedentes de países sujetos a sanciones”. ¿Cómo puede EE.UU. sostener nuestra posición como faro del libre intercambio de ideas y ciencia si nosotros mismos censuramos a los autores a causa del lugar donde viven?, se preguntó Marc Brodsky, presidente de la Association of American Publishers/Public Services Program. 

Desde siempre, en Cuba ha sido valedero, y ampliamente difundido, el legado de los grandes escritores y artistas norteamericanos. Desde las crónicas norteamericanas de José Martí y su brillante aproximación a la obra poética de Walt Whitman, fue grande el impacto en la literatura cubana de las sucesivas publicaciones de textos firmados por Emerson, Melville, Jack London, Scott Fitzgerald… E igual, en la primera mitad del siglo XX, estos y otros literatos (Henry James, Ernest Hemingway, Dashiell Hammett, William Faulkner) fueron aceptados y celebrados en el contexto cultural de la Isla, con la más entusiasmada recepción por parte de los principales creadores y promotores cubanos. Claro, desde entonces el intercambio, en el ámbito literario al menos, no siempre llevaba el sello de la reciprocidad. Porque de ninguna manera alguien podrá garantizar que se ha conocido a Martí o a Lezama en EE.UU., en la misma medida en que se ha disfrutado en Cuba de Mark Twain o Edgar Allan Poe, pues casi todas las obras de ambos autores han sido publicadas profusamente antes y después de la Revolución. 

 Harto difícil resulta enumerar el impacto de los mejores artistas norteamericanos en el contexto cubano. El inventario es imposible en los estrechos marcos de este trabajo, pero conste que abarca, a muy grandes rasgos, desde la poderosa influencia del jazz, el rock y el soul, en la música, pasando por el arte pop, la abstracción y el op art en la plástica, hasta un teatro que se mantuvo muy al tanto, del método Actor´s Studio, de los derroteros marcados por Tenessee Williams y Eugene O’Neill. En EE.UU. se hizo grande y abrió el camino para la Escuela Cubana de Ballet, Alicia Alonso; allí triunfaron y sentaron cátedra Chano Pozo, Celia Cruz, Arsenio Rodríguez, Mario Bauzá, La Lupe, y muchos otros. 

 Nunca será suficiente la denuncia del bloqueo a que las autoridades norteamericanas someten también al arte y a la literatura cubanas posteriores a 1959. Nunca será posible aquilatar el daño causado a los dos países, sobre todo a Cuba, debido a su condición de país pobre y subdesarrollado, pues su única inestimable riqueza está en la creatividad e imaginación de su gente. El bloqueo es injusto en términos políticos, bárbaro e irracional, culturalmente hablando, estúpido y sin futuro desde cualquier otra perspectiva. Porque si bien nunca ha sido extraordinaria la apertura a lo extranjero de un país donde, por desgracia, siempre han sido demasiados los poderosos obcecados con la patriotería abstrusa de que solo tiene valor civilizatorio, comunicacional y estético lo que se produce entre California y Nueva York, desde los Grandes Lagos a la frontera con México y la Florida, el bloqueo ha venido a confirmar lo peor de tan cerrada y obtusa mentalidad, ha clausurado puentes y obstruido canales que de otras manera mucho más hubieran contribuido al fortalecimiento de una inclusión mucho más voluntaria y reverente de lo cubano en EE.UU. y de lo norteamericano en Cuba. De esta parte del estrecho la mano sigue tendida. 

Permanentemente estamos cursando invitación al pensamiento, a la rumba, a la poesía, al color y al sabor de lo nuestro. Mientras se deciden a levantar las restricciones que impiden sea aceptada nuestra invitación, nuestra mano tendida, seguimos leyendo lo más trascendental de aquella literatura, y disfrutando los más altos valores de aquella cultura, sobre todo de los creadores que han tenido la generosidad y el valor de desobedecer las prepotentes e ilógicas disposiciones de las autoridades norteamericanas. ( Tomado de La Jiribilla)