El Bloqueo a Cuba: Terrorismo de estado, por qué no

 

10,Noviembre, 2004. En 1991, año en que por primera vez Cuba se propuso presentar ante la Asamblea General de Naciones Unidas el tema del bloqueo yanqui a la Isla, Estados Unidos, además de presionar descaradamente a otras naciones para evitar que el proyecto prosperara, dijo a través de su delegación oficial que esto no podía discutirse en el foro universal por ser un asunto “bilateral”, ya que, según ellos, cada país elige con quién comercia y con quién no. 

Si aquel argumento hubiese sido cierto, jamás Naciones Unidas habría debatido el tema. Pero hace 13 años ya que la ONU aprueba -y cada año lo hace con más votos- la resolución “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, financiero y comercial de Estados Unidos contra Cuba”, con lo cual está ratificando el carácter extraterritorial de esa real guerra que el estado más poderoso del planeta aplica con absoluto rigor mediante brutales sanciones contra personas y países que desafían esa cruel política. 

Hace poco se supo, a través de la propia prensa norteamericana que la OFAC –instancia federal encargada de la vigilancia en fronteras- dedica varias veces más agentes a perseguir a quienes violen las leyes del bloqueo a Cuba, que a los terroristas de Al Queda. 

Desde mediados de este año, tras aprobarse un nuevo y criminal paquete de medidas para apretar la tuerca del bloqueo a Cuba, cientos de ciudadanos norteamericanos y de cubanos residentes en Estados Unidos, han comprobado en carne propia los extremos a que puede llegar la OFAC. 

Los primeros ya no pueden siquiera comprar un habano o un trago de ron cubano, so pena de ser castigados con multas de 250 mil dólares e incluso diez años de cárcel. En cuanto a los  cubano-americanos, son los únicos emigrados obligados a pedir un permiso especial para visitar a sus familiares en la Isla, pero sólo sin llevan más de tres años sin hacerlo. Y ese plazo es tan  rígido que se le impone aun a  quienes tienen a un ser querido a punto de morir. 

Es tal la crueldad de las decisiones más recientes, que desde junio pasado, cada sábado, cubanos que hasta entonces vivieron al margen del diferendo político, realizan peregrinaciones a la ermita de La Caridad de la ciudad de Miami con carteles donde demandan libertad de viaje y amenazan a Bush con retirarle sus votos en las elecciones de noviembre, si no modifica la legislación. 

No es un dato menor que tales medidas estén recogidas oficialmente en el programa de la “Comisión para la transición a una Cuba Libre” que preside el secretario de Estado Colin Powell y que se presentó a mediados de año. El documento, de alrededor de 500 páginas, describe detalladamente los financiamientos y tareas para derrocar al gobierno cubano y solo puede ser comparado con las acciones previas a la invasión de Iraq. 

En ese programa se habla también de los dineros que, como indignas recompensas, se destinarán a gobiernos y personas de terceros países que se brinden para boicotear la economía o la política cubana. En palabras más claras: se trata de pagar a cuanto mercenario se prestara para las campañas difamatorias y otras acciones de hostilidad contra la Revolución desde terceros países, algo que se practica hace más de 45 años y que ahora se declara abiertamente. 

Este 28 de octubre, por 13 vez, la resolución contra el bloqueo seguro será  aprobada abrumadoramente por la mayoría de las naciones del mundo representadas en la Asamblea General. Muchos se preguntan por qué esa  votación no obliga a Estados Unidos a levantar el bloqueo. 

La respuesta está en el gran déficit democrático que prevale en ONU: mientras lo que se acuerda en la AG, con sus 190 estados miembros, no es vinculante, no es de obligatorio cumplimiento, sí se obliga al resto del planeta a cumplir las resoluciones tomadas en el Consejo de Seguridad, donde los cinco miembros permanentes, Estados Unidos entre ellos, tienen derecho a veto, razón (o sinrazón) que explica porqué el imperio invade y bombardea naciones sin esperar debate alguno. 

A pesar de esos pesares, Cuba insiste en llevar su denuncia a las Naciones Unidas. Como han declarado más  de una vez sus representantes, esta es la única instancia donde al menos todavía pueden expresarse la mayoría de los gobiernos y, aunque Estados Unidos y sus gendarmes (especialmente Israel), ofendan constantemente a la comunidad de naciones ignorando sus acuerdos, cada resolución contra sus políticas genocidas es una condena moral  que la historia humana registra. 

El bloqueo a Cuba clasifica hace tiempo como genocidio, según las definiciones que al respecto recogen las convenciones internacionales por cuanto es la expresión de una política destinada a provocar el sufrimiento o la muerte de una comunidad, pueblo o etnia. 

Personalmente sostengo que es también un acto de terrorismo de estado. Y en ausencia de una definición consensuada de qué es terrorismo, algo que todavía no ha sido acordado en ONU, apelo a lo que dijera, horas después del brutal ataque a las torres gemelas de Nueva Cork el propio secretario de Estado norteamericano. 

Según declaró entonces Colin Powell a la prensa, esos ataques eran terroristas porque buscaban dañar  a la población civil con fines o propósitos políticos. Y añadió que los perpetradores de la agresión no lograrían sus fines. En ambos criterios, estamos de acuerdo. 

Pero no se puede pretender que las definiciones funciones solo para los intereses de quienes los plantean. Probemos a generalizar las ideas de Powell sobre qué es el terrorismo y qué fines persigue: 

Si ya el mundo reconoce el bloqueo como un acto genocida y si la tal Comisión para la transición hacia una Cuba libre, que preside el propio Powell, plantea que el objetivo de sus criminales medidas contra la Isla es el fin del gobierno de Fidel Castro, estamos ni más ni menos que ante un acto terrorista que busca el daño, cuando no la muerte, de todo un pueblo, tras un fin perverso de cambiar su régimen político. 

Como dice una vieja regla jurídica: A confesión de partes, relevo de pruebas. Atendiendo y aceptando la definición de Powell, el bloqueo clasifica como un indiscutible acto de terrorismo de estado que tampoco logrará sus fines porque Cuba cree, como Powell, que no puede cederse a los terroristas. 

Hay sí una gran diferencia entre los modos en que Cuba responde a esa agresión terrorista -que le ha costado miles de millones de dólares y un sufrimiento incalculable a su población en más de 40 años- y la respuesta de Estados Unidos a los ataques de Al Queda contra Nueva York. Nosotros vamos a Naciones Unidas. Ellos eligen hacer guerras. 

Por una vez, la gran potencia podría ensayar a ser consecuente con su declaración de guerra al terrorismo sin disparar ni un misil: qué tal si atiende por fin a la comunidad internacional y levanta el bloqueo a Cuba. El mundo vota y espera que así sea. ( Tomado de  El Economista)