Cuba-EEUU: Más de lo mismo

 

16 de noviembre del 2004. Mientras muchos en el mundo se resignaban a una segunda vuelta del neoconservadurismo de George W. Bush luego de las elecciones en Estados Unidos, los cubanos se mantuvieron imperturbables como quien presencia una escena ya vista.

Antes de los comicios, autoridades como el presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón, explicaron que esperaban poco cambio de la tradicional política anticubana, independientemente de quien resultara ganador entre el republicano Bush y el demócrata John Kerry.

"Más de lo mismo", había augurado Alarcón en una entrevista con Prensa Latina y apenas pocas horas después de anunciarse la reelección del Presidente de Estados Unidos, los hechos comenzaron a darle la razón.

El 4 de noviembre el Departamento de Estado norteamericano emitió una nota de prensa sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, que con su misma extemporaneidad ratificó la obcecación manifestada por Bush en sus primeros cuatro años.

Una nota del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba en respuesta a esos ataques aseguró que Estados Unidos "miente descaradamente" cuando alude a una supuesta persecución de pretendidos "activistas independientes de la sociedad civil".

La declaración recordó que las personas aludidas por el Departamento de Estado son en realidad mercenarios al servicio del Gobierno norteamericano, del cual reciben órdenes y dinero para realizar acciones ilegales en la isla. Un lector desprevenido podría haberse preguntado de qué se trata ahora. Otros habrían pensado que se quedaron dormidos al escuchar las noticias.

En realidad las autoridades estadounidenses aludían en su nota a un grupo de contrarrevolucionarios detenidos en el año 2003 y condenados por sus actividades ilegales.

Los reporteros no pudieron menos que preguntarle al vocero estadounidense qué había motivado esta declaración. No hubo respuesta coherente, más allá de que se trata de una línea de acción permanente de Estados Unidos contra Cuba.

La declaración cubana expresaba igualmente algo de sorpresa al constatar que las autoridades estadounidenses "apenas dos días después de las elecciones norteamericanas, de manera extraña, reinician rápidamente sus ataques contra Cuba".

El incidente, que algunos definieron como el primer cruce de espadas entre Cuba y Estados Unidos en el segundo mandato de Bush, demostró una vez más que Washington no necesita pretextos para atacar a la Revolución Cubana.

Desde 1959, 10 administraciones estadounidenses han mantenido sistemáticamente la misma política de acusaciones y presiones, incluyendo un bloqueo económico, comercial y financiero estructurado para intentar subvertir el sistema político nacional.

En este objetivo han participado gobiernos demócratas y republicanos, si bien es cierto que en sus primeros cuatro años Bush le imprimió su sello ultraconservador y fundamentalista.

Los proyectos norteamericanos han ido desde 1959 desde invasiones armadas hasta intentos de asesinato del presidente Fidel Castro, guerra biológica y transmisiones radiales de carácter subversivo, entre otras manifestaciones.

En el campo internacional la política anticubana se ha basado en campañas de difamación, en las cuales las acusaciones de violaciones de los derechos humanos han sido un punto permanente.

Sin embargo, la cancillería cubana recordó que, con lógica, la opinión pública mundial hubiese podido esperar una posición más racional de Estados Unidos sobre el tema, luego de conocerse las aberraciones y violaciones de los derechos humanos en las cárceles en Iraq y la ilegal Base Naval de Guantánamo.

La nota emitida "de manera extraña" y extemporánea por el Departamento de Estados, indica que -tal como pronosticó Alarcón antes de los comicios- lo único que se podría esperar para el nuevo período es "más de lo mismo".

Pero, quien estime que esta es una mala noticia para los cubanos puede pensar, a modo de consuelo, que de alguna manera los norteamericanos están peor, ante la incógnita de una vaticinada revolución conservadora en el segundo mandato de Bush.

La privatización del seguro social y el desmantelamiento de programas sociales debido a reducciones masivas de impuestos a los ricos podrían significar para millones de estadounidenses noticias peores que el "más de lo mismo" enfrentando desde hace 45 años por la isla. (Tomado de Invasor)