Con lo que el bloqueo no puede

CUBA, 27 de octubre de 2016.- Juan Eduardo Hernández Pino, tiene 48 años, es el menor de cuatro hermanos, era apenas un niño cuando el moho azul devastó las plantaciones de tabaco de su padre, pero ese recuerdo le acompaña y es el primero que menciona al hablar del impacto directo sobre la producción agropecuaria, del bloqueo económico que impone Estados Unidos a Cuba.

Considera que los campesinos no son conscientes del daño que reciben por este concepto, y añade: “la llegada tardía de pesticidas, abonos y otros insumos se debe muchas veces a travesías excesivamente largas de los barcos o la imposibilidad de comprarlos en mercados más cercanos”

Eduardo representa la cuarta generación de su familia dedicada a la producción tabacalera, feliz y orgulloso de haber sido el elegido para llevar las riendas de la finca, que hoy cuenta con 43 hectáreas (ha), porque el patrimonio de sus abuelos paternos y maternos se fundió en uno solo, pertenecientes a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Antonio Maceo, del municipio Viñales.

En la presente campaña tienen un compromiso de siembra de 100 000 posturas, ya prepara la tierra para, en los próximos días, comenzar la plantación y concluirla antes del cierre de octubre con el fin de cosechar temprano y aprovechar los vaticinios favorables del clima.

Yuca, maíz, boniato, frijoles, malanga, hortalizas…, son otras producciones de la finca, que ostenta la condición de Referencia Nacional y es uno de los sitios que acoge visitas de turismo internacional para acercar a los foráneos a las interioridades de la cosecha de la aromática hoja.

Una de sus hermanas regenta un paladar, nombre con que se conocen los restaurantes privados en Cuba y que está ubicado junto a la casa familiar, así los excursionistas también pueden disfrutar de las excelencias de la comida criolla.

Reconoce que poco a poco ha ido venciendo el miedo escénico para ofrecer el recorrido por sus tierras y explicar los métodos de producción, pero no admite provocaciones; porque él sabe bien cuáles son las bondades de las que disfruta, como poder dejar que su hija vaya en bicicleta a la escuela con solo nueve años y esperarla a pesar de cualquier retraso, tranquilo.

Las cosechas de la finca están contratadas con la Empresa Provincial de Acopios y una porción, para el autoabastecimiento. Hoy el déficit de mano de obra en un municipio como Viñales que tiene en el mercado laboral propuestas mucho más atractivas que la agricultura, no le permiten incrementar las áreas tabacaleras y sabe que no podrá emular con las 300 000 posturas que sembraba Juan Francisco Hernández Iglesias, su padre, más conocido por Paco.

Eduardo asegura que mantener la producción es su compromiso personal con la familia. Dejó inconclusa la carrera de Ingeniero Agrónomo, y no posee un título de academia, pero sí el que concede la experiencia y la vida junto al surco.

Su sabiduría también es, en gran medida, un legado de Paco, quien poco a poco lo fue formando a su lado y con 75 años y algunos achaques de salud sigue pendiente de todo cuanto acontece en la finca, admite que se mantiene un poco alejado de la afluencia de turistas y las visitas, porque esas cosas modernas son para la juventud.

Con lucidez recuerda cómo en el año 1979 perdió toda la cosecha de tabaco por culpa del moho azul y la carencia de productos para combatirlo, a causa del bloqueo.

Hace 120 años que su familia cultiva las tierras que hoy son su propiedad y lo dice con el orgullo de quien se sabe continuador de una tradición, también hay gozo en su voz al hablar de cómo el hijo sigue sus pasos, de los beneficios de la electrificación del valle de Viñales, del aprovechamiento de sus posesiones y las numerosas personalidades del mundo de la política y la cultura atendidos por su hija  en el restaurante, porque lo que sí no puede hacer el bloqueo es destruir el espíritu emprendedor del cubano.

(Cubavsbloqueo-Cubahora)

Añadir nuevo comentario