Acentúase el drama humano provocado por medidas de Bush

 12 de octubre de 2004  Cuando fueron anunciadas las brutales restricciones a los vínculos de los emigrados cubanos en Estados Unidos con sus familiares en Cuba, unos protestaron, otros apoyaron y algunos se mantuvieron escépticos acerca de su aplicación. La actitud de estos últimos estaba basada en la creencia de que tal absurdo no pasaría de su formulación y era solo un gesto para contentar a la cúpula contrarrevolucionaria en época de elecciones.

 Tres meses después los que dudaron presumiblemente se habrán sumado a los inconformes, pues lo increíble de entonces se ha convertido en el drama humano previsible para la mayoría.

 Desde el dos de julio pasado cuatro mil personas que han viajado a la Isla en los tres últimos años, solicitaron licencias especiales para viajar a Cuba, otorgadas según el plan de Bush, de manera excepcional frente a situaciones imprevistas de extrema gravedad familiar. Solo 70 emigrados, según datos suministrados por las siete compañías aéreas con vuelos fletados a la Isla, han conseguido el angustiosamente esperado permiso. El resto ha visto frustrados sus intentos de poder cumplir con el humano derecho de pasar junto a un ser querido sus últimos días, o simplemente darle el postrer adiós.

 Ese es el caso de Enma Cruz, publicado en la página digital de El Nuevo Herald, quien no pudo viajar a Cuba para acompañar a su hija Irma cuando estaba con vida. A esta dramática situación debe añadirse la de las líneas aéreas, cuyos vuelos han sido restringidos severamente y obligadas a emplear naves con capacidad hasta cinco veces menor que las habituales. "El número de vuelos semanales se ha reducido a nueve a La Habana, con 60 asientos cada uno, y otros siete con el mismo destino, pero con aviones para 18 pasajeros. A Cienfuegos, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba hay un vuelo semanal por ciudad, con aviones de 60 pasajeros," según la misma fuente.

 "Pareciera que la intención es llevar a la bancarrota a todas las compañías envueltas en este negocio. La práctica de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) es inadmisible," comentó María Teresa Aral, vicepresidenta de la ABC Charters, con sede en Miami, empresa que dada esta situación se vió obligada a despedir a 10 empleados y reducir el salario y los beneficios de salud a los restantes.

 El artículo, publicado en un medio generalmente coincidente con las posiciones de la mafia cubano-americana, revela que Richard Newcomb, director de la OFAC desde 1987, renunció a su cargo debido a discrepancias con las medidas de Bush contra la familia cubana. Es evidente que tal política no resiste la lógica ni siquiera de personajes como este funcionario, pues nadie en su sano juicio puede comprender cómo se pueden conciliar la ley de Ajuste Cubano, con facilidades especiales para la emigración hasta por vías ilegales y otros privilegios, con la prohibición de viajar aun ante casos desesperados de profundo contenido humanitario.

 No obstante, la explicación es sencilla. Todo tiene lógica cuando pasa, como en este caso, por la fobia y el odio fascista de un equipo gobernante intolerante de todo aquello que no obedezca a sus dictados, deseos e intereses imperiales.  (Tomado de la AIN)