
CUBA, 20 de enero de 2015. Tupida red legal, el bloqueo sigue siendo considerado como un acto de guerra en tiempos de paz y es, que nadie lo dude, la principal herramienta de hostilidad de Estados Unidos hacia Cuba.
Desde que en marzo de 1996 , el presidente B. Clinton entregó una parte de las facultades presidenciales al firmar la Ley Helms-Burton, el cerco dejó de ser un Reglamento Federal, bajo control ejecutivo, para convertirse en una legislación que está en manos del Congreso.
Si antes las medidas contra Cuba eran tomadas de manera discrecional por las sucesivas administraciones sin pasar por el Capitolio, al llegar la Ley Torricelli y después en especial la Helms-Burton, todo cambió radicalmente y el bloqueo quedó codificado como una legislación aprobada por el Senado y la Cámara de Representantes y que aún sigue vigente.
Derogar el bloqueo, que hoy es una facultad del Congreso de Estados Unidos, requiere de la aprobación de las dos terceras partes de ambas Cámaras. Por eso, en unas eventuales relaciones con Cuba, la administración Obama no puede ir más allá de la línea roja que marca la Helms-Burton y tiene un campo de maniobra relativamente pequeño para adoptar decisiones como parte de los poderes presidenciales.
De cara al futuro, habrá que avanzar primero hacia el restablecimiento de las relaciones entre los dos países, rotas por Estados Unidos en enero de 1961.
Por otro lado, en el Congreso, dominado por los republicanos, se siguen moviendo fuerzas antagónicas con respecto al bloqueo y resulta muy difícil que el tema llegue a discusión en un plazo breve.
Lo único cierto hoy es que el bloqueo sigue tan inamovible como el primer día.
Tomado de Radio Reloj





