Cerco norteamericano a la cultura
Por Néstor Núñez
AIN
Octubre, 2004
Ante el peso de las evidencias, la administración de George W. Bush debió admitir en días pasados que negó las visas a casi setenta académicos cubanos quienes debían participar en una de las reuniones periódicas de la Asociación de Estudios de América Latina, LASA, programada para Las Vegas, en el estado de Nevada.
La denuncia de la negativa había sido hecha en La Habana por el canciller cubano, Felipe Pérez Roque, al presentar el informe al Secretario General de la ONU sobre las consecuencias del bloqueo a la mayor de las Antillas, previo a la votación, por décimo tercera vez en el seno del máximo organismo internacional, de una declaración contraria al cerco de Washington a la Isla.
Lo cierto es que, en una inconcebible encerrona a la cultura y a la ciencia por la administración Bush, entre mayo de 2003 y abril de 2004, representantes de instituciones culturales cubanas, junto a 215 artistas del país, se vieron imposibilitados de viajar a los Estados Unidos por casas similares.
En no pocos casos la Casa Blanca dedicó aplicarles un titulado artículo 212-F, que conceptúa que los interesados constituían una amenaza a la "seguridad nacional de los Estados Unidos", como si se hiciera terrorismo a partir de los acordes de una guitarra, unos poemas o ponencias dedicadas a temas sociales.
El vocero del Departamento de Estado, Richard Boucher, al referirse a los académicos cubanos que debían estar presentes en Nevada durante la reunión de LASA, utilizó manidos argumentos, al indicar que el grupo cuyas visas se negaron está constituido por "empleados oficiales que
viajan como funcionarios estatales" e indicó que su gobierno "estimó inadecuado que impartiesen en los Estados Unidos conferencias que difundieran la línea del Partido Comunista." Eso sí, solo habrá visas, dijo Boucher, cuando los académicos cubanos manifiesten oposición al sistema socialista vigente en su país.
Poco hay que añadir a semejantes afirmaciones de un gobierno autoproclamado defensor de la libertad de expresión y de ideas.
Un buen ejemplo del temor de Washington al intercambio de criterios que pueda lanzar por tierra todo el aparataje de propaganda mal intencionada contra Cuba, y con más razón cuando los visitantes son personas de elevado prestigio intelectual y dedicadas a ejercer honestamente el pensamiento y el criterio.
Resulta cínico intentar comprar conciencias a cambio de la dádiva de un permiso de entrada en los Estados Unidos, de manera que renegar de la verdad sea el escalón para ser premiado con una visa.
No cabe dudas: lo sucedido con este grupo de especialistas sociales cubanos sigue sumando a la lista de arbitrariedades e injusticias que el bloqueo impone a las relaciones normales y constructivas entre nuestro pueblo y el de los Estados Unidos, al final también afectados a causa de acciones tan absurdas y viscerales.
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